Homilía

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Domingo XVI del Tiempo Ordinario (ciclo A)

(23 julio 2017)

(Sab 12,13.16-19; Rom 8,26-27; Mt 13,24-43)

Las tres parábolas del texto evangélico de hoy: la de la cizaña y el trigo, la del grano de mostaza y la de la levadura tienen como finalidad explicar que el Reino no llega súbitamente ni por la fuerza, sino que implica un proceso y una acogida por parte nuestra; el Reino lleva consigo una fuerza inherente, un dinamismo y un poder transformante que poco a poco va cambiando la historia humana desde dentro, según el proyecto de Dios.
La iglesia a la que escribe Mateo es una iglesia perseguida, los creyentes son asesinados por confesar su fe. Ante esta circunstancia, Mateo trata de rescatar las enseñanzas de Jesús que puedan animar a su comunidad ante la adversidad. Las parábolas anticipan que el Reino encontrará enemigos que buscan arrancar, destruir la buena semilla y hacerla morir, pero la Iglesia no puede perder la esperanza. El mundo está en las manos de Dios, y ejerza la violencia que ejerza el enemigo sobre la Iglesia, ésta debe mantenerse firme ante los problemas y adversidades en la fidelidad a Dios, que será quien arranque las malas hierbas al final de los tiempos.
Centrándonos en la parábola del trigo y la cizaña, Jesús explica que el mal está misteriosamente en el mundo y en cada uno de nosotros. No significa que tengamos que resignarnos pasivamente frente al mal como tampoco lo hizo Jesús, sino de que seamos conscientes de esta realidad y actuemos conforme actuaba Jesucristo.

Los fariseos y sacerdotes marcaban cómo era el mundo justo y santo; también nosotros somos dados a emitir juicios sobre lo que es correcto y justo, sobre quiénes son los buenos y malos y solemos actuar en consecuencia. Jesús sabía lo peligroso que es que los hombres juzguen sobre lo bueno y lo malo. La historia está llena de personas, de movimientos ideológicos, de pueblos que han pretendido deshacerse de los que no pensaban o eran “buenos” como ellos. Podemos recordar el exterminio de los judíos por los nazis, la guerra de los Balcanes, la masacre en Ruanda de los tutsis, las atrocidades cometidas en estas fechas por los carniceros herederos de Bin Laden, etc. etc. por no citar los múltiples asesinatos y secuestros que hemos sufrido recientemente en España. Es cierto que la historia debe leerse con los ojos propios del momento en que tienen lugar los hechos, pero tampoco la Iglesia se ha visto libre de la intolerancia y de los fanatismos religiosos, cuando ha buscado arrancar la semilla, eliminar en nombre de Dios a los miembros de otras religiones.

El mismo Jesús, que sufrió en su propia carne las consecuencias del mal, no eligió una comunidad de santos, sino de pecadores. Jesús que explica a los discípulos esta parábola tiene como oyentes a Judas que le traicionó, a Pedro que le negó, a los dos hermanos Santiago y Juan más interesados en ocupar los primeros puestos en el Reino de Dios que en aceptar la cruz, a Tomás que dudó de su resurrección, y todos ellos le abandonarían en la noche de la Pasión.
En el ambiente en el que se mueve cada uno, encontramos el bien y el mal, dentro de cada uno de nosotros está el trigo y la cizaña, las buenas acciones juntamente con las incoherencias y los fallos. Sería necesario que todos reflexionáramos a fondo la parábola del trigo y la cizaña para que nos ayude a vencer la tentación de excluir, de rechazar o de condenar a todos aquellos que no piensan como nosotros. Nadie en el mundo es un ángel o un diablo; hay una oposición entre los dos sembradores, Jesús y el diablo. La Iglesia y el mundo son vistos como un campo mixto donde crece el trigo y la cizaña; resulta muchas veces imposible discernir el bien del mal, pues están muy mezclados, en contra de todos los inquisidores de derecha o de izquierda, de progres o retrógrados; hay una certeza de que llega un juicio final, con la división de buenos y malos, pero con la advertencia de que no adelantemos el juicio que solamente a Dios le corresponde, y tome Él en su mano la justicia.
La parábola nos invita a reflexionar seriamente y a adquirir los mismos criterios, sensibilidad de Jesucristo y a preguntarnos ante las dificultades y los problemas del color que sean, a preguntarnos: Si Cristo estuviera en mi lugar, ¿cómo actuaría?

P. Vicente Martín, osa

SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL

(25 de julio)

Patrono de España
(Hech, 4, 33: 5.12.27b-33;12,1b; 2Cor 4, 7-15; Mt 20, 20-28)

Podéis beber el cáliz que yo he de beber. Contestaron: podemos (Mt 20 22)

Solemnidad de Santiago Apóstol patrono de España. Y actualmente cada año que el 25 de julio cae en domingo es Año santo jacobeo con peregrinaciones jubilares a Compostela. Desde 1122 van 121 años santos, iniciado el primero 78 años antes que el primer Año Santo de la Iglesia en Roma (1200). A la luz de la Palabra de Dios y de la Historia ¿Qué significa Santiago apóstol en los siglos I, XII y XXI?
SIGLO I: significa que Santiago el Mayor es un discípulo y después apóstol de Jesús, natural de Betsaida (como Pedro y Andrés), aldea en la margen izquierda del lago de Genesaret, hermano de Juan evangelista, ambos hijos del pequeño empresario de salazones de pescado, Zebedeo y de María Salomé. Significa que, según venerable tradición, vino a misionar a Hispania llegando de Palestina al Finisterre (Compostela = Campus stellae), con la escena reconfortante del Pilar de Zaragoza. Vuelto a Jerusalén para reunirse con otros apóstoles, es el primer apóstol mártir decapitado por Herodes el año 44. Sabemos también que su sepulcro está en Compostela traídas sus reliquias por cristianos perseguidos en oriente medio con la aparición de la religión musulmana de Mahoma en el siglo VII. Y significa que nuestro patrono, misionando por el norte, junto con dos jóvenes discípulos, san Atanasio y san Teodoro (que comparten sepultura también en Compostela) y después los Siete Varones Apostólicos, por el sur, trajeron la vocación cristiana, la fe católica a España ya hace dos mil años. Eso significa Santiago en s. I.
¿Y en el SIGLO XII? Tanto arraigó esta fe en España y en la Europa medieval misionada por otros santos Padres de la Iglesia, que mil años después Europa era toda cristiana con peregrinos a Compostela, como romeros a Roma y palmeros a Jerusalén. El Códice Calixtino,escrito en 1109 por Aimeric Picau, monje cluniacense peregrino a Compostela con el papa Calixto, en el libro V que es la primera guía o liber peregrinationis- con palabras simpáticas y distendidas relata esta crónica situada en Compostela:
“Causa alegría y admiración contemplar los coros de peregrinos al pie del altar venerable de Santiago en perpetua vigilancia: los teutones a un lado, los franceses a otro, los italianos a otroUnos tocan cítaras, otros liras, otros tímpanos,otros flautas, caramillos, trompetas, arpas y violines, ruedas británicas o galas, otros cantando acompañados de diversos instrumentos, pasan la noche en vela: otros lloran sus pecados, otros leen salmos, otros dan limosna a los ciegos. Allí pueden oírse diversas lenguas, diversas voces en idiomas bárbaros; conversaciones y cantinelas en teutón, inglés, griego, y en los idiomas de otras tribus y gentes diversas de todos los climas del mundo. No existen palabras ni lenguaje en los que no resuenen sus voces.

Así queda descrita esta peregrinación medieval . Y con luces y sombras el peregrinaje a Compostela se repite con mismos escenarios y distintas generaciones. Felizmente, ya con otra dimensión cultural y sociopolítica y nuevas sensibilidades, ha quedado atrás la imagen del Santiago matamoros para quedarnos con la imagen de Santiago peregrino símil de Iglesia peregrina e itinerante- camino de Compostela recibiendo a emigrantes y necesitados, tratando de mejorar o recuperar las raíces cristianas tradicionales.
¿Y en el SIGLO XXI? ¿qué es esencial aquí y ahora para nosotros? Es solo esencial aceptar el mensaje jacobeo de la Palabra de Dios. Identificarnos con el mejor Santiago del relato bíblico, protomártir apostólico. Así, leídas u oídas las lecturas litúrgicas e invocando otros textos evangélicos con actuación de Santiago el Mayor, sin necesidad de ir a Santiago, está viniendo Santiago a nosotros. Él, nuestro patrono, nos invita:
-A olvidar lo peor de él o de su madre que pedía algo así como dos ministerios a derecha e izquierda en un reino temporal de Cristo (Mt, 20, 21) y dejar atrás ser hijo del trueno por su ímpetuosidad, y más bien aspirar a cumplir la etimología de ministro, que significa espíritu de servicio y disponibilidad .
– Vamos a pedir y vivir lo mejor de Santiago que es su generosidad y desprendimiento de barcas, redes, caprichos, cosas que nos impiden seguir más de cerca al Maestro.
-Vamos a pedir y vivir ser discípulos y testigos como él de Cristo, en tabores y getsemaníes, en las alegrías y en las penas, éxitos y fracasos, triunfos y cruces, ofreciéndonos al Señor con cuanto somos y tenemos.
-Vamos a pedir y vivir su valentía e intrepidez dispuesto a beber el cáliz que yo he de beber (Mt 20, 22), un servicio cristiano hasta la muerte martirial por los demás, es decir, con palabras litúrgicas de san Pablo, a convertir nuestra fragilidad humana, nuestros vasijas de barro en fuerza extraordinaria de Dios, aunque sea atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados, derribados, mas no aniquilados (2cor 4, 7-9)..
-Vamos a vivir y pedir que los valores culturales españoles y europeos no pierdan sus raíces cristianas, hasta construir un mundo nuevo cimentado en el amor.
-Vamos a vivir y pedir que por su intercesión, Dios bendiga a España y Europa con más solidaridad, menos xenofobia y racismo, más compartición de bienes, menos egoísmos y más justicia y paz y todos los hombres hermanos.
Vamos, en fin, a pedirlo todo haciendo nuestros los sentimientos del Himno litúrgico de Laudes a nuestro patrono, que recoge la mejor tradición y fe de nuestros abuelos cuando llamaban a la Vía Láctea, “Camino de Santiago” [letra de Bernardo Velayo]:

Al celebrar tu memoria,
santo apóstol peregrino,
guíanos por el camino
al Pórtico de la gloria.

Camino de Compostela,
va un romero caminando
y es el camino de estrellas
polvareda de sus pasos.
En el pecho las vieiras,
y alto bordón en la mano,
sembrando por la vereda
las canciones y los salmos
Llévale, romerico,
llévale a Santiago,
llévale, romerico,
llévale un abrazo.
Llegó al corazón de España
por el monte y por el llano;
en los anchos horizontes
cielo y tierra se abrazaron.
Sube hasta el monte del Gozo
y allí, de hinojos postrado,
las altas torres de ensueño
casi toca con las manos.
Llévale, romerico
Romeros, solo romeros,
dile que peregrinamos
con la mirada en el cielo
desde la aurora al ocaso.
Camino de Compostela,
todos los hombres hermanos
construyendo un mundo nuevo
en el amor cimentado.
-Llévale, romerico
Ven, Santiago, con nosotros,
que tu bordón es un báculo,
el cayado del pastor
para guiar el rebaño.
¡Santo apóstol peregrino,
llévanos tú de la mano
para ir contigo hasta Cristo,
Santiago el Mayor Santiago. J.R.